domingo, 20 de marzo de 2011

A la escucha (texto de Jean Luc Nancy)

Por consiguiente, estar a la escucha será siempre estar tendido hacia o en un acceso al sí mismo (deberíamos decir, de un modo patológico, un acceso de sí: ¿el sentido –sonoro- no será ante todo y en cada oportunidad una crisis de sí?).
Acceso al sí mismo: ni a un sí mismo propio (yo), ni al sí mismo de otro, sino a la forma o la estructura del sí mismo como tal, es decir, a la forma, la estructura y el movimiento de una remisión infinita porque remite a aquello (él) que no es nada fuera de la remisión. Cuando estamos a la escucha, estamos al acecho de un sujeto, aquello (él) que se identifica al resonar de sí a sí, en sí y para sí, y por consiguiente fuera de sí, a la vez igual a sí y distinto de sí, uno como eco de otro y ese eco como el sonido mismo de su sentido. Ahora bien, el sonido del sentido es la manera como este se remite o se envía o se dirige, y por lo tanto como tiene sentido.
Pero en este punto se trata de acechar un modo que no es precisamente el del acecho en el sentido de una vigilancia visual. Lo sonoro especifica aquí su singularidad con respecto al registro óptico en el que se juega más manifiestamente, por así decirlo, la relación con lo inteligible en cuanto relación teórica. Según la mirada, el sujeto se remite a sí mismo como objeto. Según la escucha, se remite o se envía, de alguna manera, en sí mismo. Así, en cierto modo, no hay relación entre las dos. Una escritora señala: “Puedo oír lo que veo: un piano o el follaje movido por el viento. Pero nunca puedo ver lo que oigo, entre vista y el oído no hay reciprocidad”...

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